“¡Cualquier cosa, pero no quedarme sola!”
“Me aterra la soledad.”
“Prefiero aguantar a ese muérgano antes que quedarme íngrima y sola.”
Sin duda, la soledad es uno de los grandes miedos de nuestra época; quizás la mayor de las crisis contemporáneas. Parece increíble que, en un planeta cada día más poblado, cada día haya más personas sintiéndose aisladas. Más allá de la semántica entre «sentirse solo» o «desolado», el miedo nace de esa sensación de estar sin amor, sin nadie que nos quiera.
El Rito de la Auto-tenencia
Curiosamente, todos los ritos iniciáticos obligan al individuo a atravesar el aislamiento. ¿Por qué? Porque cualquier evolución profunda requiere que nos acerquemos a nosotros mismos.
Las grandes obras de la humanidad —literarias, pictóricas, artísticas— fueron concebidas en soledad. Incluso C. Jung afirmaba que sentir la soledad es el detonante que abre la ventana por donde lo divino puede penetrar en nuestras vidas.
La soledad siempre ha dado frutos. Lo que ha cambiado no es su naturaleza, sino nuestra percepción y el pánico que nos provoca.
El Estigma de la Tribu
El gran problema es que nuestra sociedad no celebra la soledad. Al contrario, la ve como una enfermedad que hay que erradicar a toda costa.
La «tribu» te señala y, con una lástima empalagosa, intenta integrarte o llenar tu vacío a la fuerza, sin preguntar si eso es lo que realmente necesitas. Sin embargo, necesitamos la soledad tanto como la lluvia tras el sol.
Reconciliarse con lo Sagrado
Reconciliarse con la soledad es perderle el miedo a lo más sagrado que habita en nuestro interior. Respetar y honrar esos espacios nos hace dueños de nosotros mismos.
Al fortalecernos desde dentro, nos volvemos más abiertos a:
- Las relaciones auténticas.
- Las transformaciones necesarias.
- Los cambios y las pérdidas inevitables.
En esos momentos en los que parece no haber nadie, nos encontramos con nosotros mismos. Y al tenernos, tenemos a la vida, su milagro y todo aquello que amamos.
Gánale terreno a tu propia soledad. Descubre que no es una amenaza, sino un espacio de crecimiento e introspección.
Con afecto, hasta el próximo encuentro.
¿Te sientes abrumado por el silencio o el vacío de la soledad? Aprender a convivir contigo mismo es el primer paso para construir relaciones más sanas y fuertes con los demás. Si sientes que es momento de dejar de huir y empezar a encontrarte, te acompaño en este proceso. 🗓️ [Agenda aquí tu sesión para transformar tu soledad en plenitud]


